El cartero caminaba de prisa, cargando una pequeña caja de zapatos envuelta en papel de regalos enviada a don Demetrio Espinoza, quien acababa de contraer nupcias con la hermosa doña Carmen Ovalle; cada paso rápido que daba el cartero, se marcaba fuertemente en la arena que cubría la desértica vereda de aquel pueblo olvidado al norte de María Elena. Tomando en sus manos fuertemente aquella caja, continuaba firmemente su marcha, imaginando que llevaba un regalo mas, de los muchos enviados a la nueva pareja, motivo de su matrimonio.Cuatro meses atrás, Laura lloraba frente a la escuelita de Colla Sur en la que trabajaba, el sonido del viento ocultaba sus sollozos; minutos antes, había tenido una corta pero triste discusión con Demetrio, en la que El le confesó haber conocido a otra chica, de la cual en solo un mes se había enamorado e iban a casarse en unos días más, luego de decirle esto, Demetrio dio la vuelta y se marcho, su partida fue triste y seca. En su corazón no existía arrepentimiento por haber engañado a Laura, sino que pesar por no haber sido solamente de Carmen durante ese mes en que salió con las dos, ¿Cómo pudo engañar a la bella y pura Carmen?, la mujer más buena que había conocido, incluso se sentía sucio al lado de ella, para El, Laura solo fue una diversión que se extendió por más del tiempo deseado.
El viento helado del desierto indicaba que ya estaba atardeciendo, el último paquete estaba a punto de ser entregado, el pobre cartero cansado de tanto caminar, casi llegaba a la casa alta de madera, en la calle Independencia trescientos sesenta y seis donde vivían los recién casados. Cuando estaba frente a la puerta y se disponía a llamar, la puerta se abrió, era la bella Carmen, quien lo había visto por la ventana.
Luego de la discusión, Laura se puso de pie, se seco las lagrimas, hizo sus maletas y se fue, nunca le conto a nadie donde, se dice que partió a Tocopilla, donde la esposa del panadero la vio embarazada, después de eso, nunca más nadie la vio ni supo de ella.
Demetrio nunca se perdono a si mismo después de esa tarde en la que junto a Carmen abrieron la caja, pensando que era el ultimo regalo que abrirían, junto a la caja, había una notita, escrita a mano con la tinta corrida, que decía: recibe el cuerpo de tu primer hijo. Carmen se echo a llorar y corrió hacia el dormitorio, Demetrio no sabía qué hacer, miro el contenido de la caja y partió a la pampa.
Ya casi anochecía, y su corazón latía mas fuerte de lo que le había latido en la vida, miraba la caja, que aun sostenía aferrada a su pecho, sin quererla abrir, queriendo nunca enterarse de su contenido, respira hondo, y deja la cajita a su lado, con sus manos intenta cavar una pequeña fosa, pero no lo logro, entonces comienza a cubrir la caja con rocas, lagrimas y arena hasta que la cajita desapareció, ya solo se veía un montículo de piedras, de arena, de desierto.
-Cuento escrito por mi, en Junio del 2011, para el taller de cuentos de la Biblioteca Nacional, dictado por Ana Maria del Rio.

1 aportes:
Una narración impecable en etapas, las situaciones y los paisajes muy bien descritos, se puede ver las escenas con la imaginación; va de sorpresa en sorpresa, culminando en forma tan macabra y amarga.
Un atento saludo.
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